UN PASEO POR LA LORCA DE 1789
HISTORIA DE ESTA CALLE
La calle Cava, mencionada ya en el siglo XV, debe su nombre al antiguo foso que rodeaba el tercer perímetro de la muralla de Lorca. Desde épocas tempranas fue una de las arterias más concurridas de la ciudad, lugar donde se asentaron los primeros artesanos extramuros. Conocida como la calle de los plateros, concentraba a los orfebres más prestigiosos, mientras que la vecina calle Zapatería acogía a los maestros zapateros.
Frente al convento de las Mercedarias se alza un edificio de transición entre los siglos XVIII y XIX, con amplia fachada, tres plantas y seis balcones, distinguido por las singulares ménsulas del alero ornadas con cabezas humanas y ramilletes de hojas. Su construcción se enmarca en un periodo en el que destacaron figuras como Don Juan de Borja, importante comerciante de origen maltés activo durante la primera mitad del siglo XIX. Su trayectoria, ligada a la comunidad maltesa asentada en Lorca desde finales del siglo XVIII, refleja la intensa actividad mercantil y las conexiones familiares que contribuyeron al desarrollo urbano y económico de la ciudad. Las investigaciones sobre Borja y su entorno, basadas en archivos notariales, padrones y censos españoles y malteses, permiten comprender mejor la vida cotidiana de estos comerciantes y el contexto histórico en el que surgieron viviendas como esta.
El inmueble, erigido en un enclave estratégico de la ciudad, albergó en 1910 la primera Comisaría de Policía, desempeñando un papel esencial en la organización y vigilancia urbana de la época. Posteriormente, en 1936, durante los años convulsos de la Guerra Civil, fue adaptado como prisión preventiva, convirtiéndose en testigo directo de uno de los periodos más complejos de nuestra historia reciente.
Hoy, situado entre las calles Cava y Mata, este edificio histórico renace transformado en un restaurante-vinoteca que preserva y pone en valor elementos arquitectónicos originales, como los antiguos calabozos o una singular bodega del siglo XVIII. Su rehabilitación permite al visitante disfrutar de la gastronomía y del vino mientras recorre un espacio cargado de memoria, donde aún perviven las huellas de los ciudadanos y comerciantes que dieron vida a este lugar a lo largo de los siglos.
Un enclave único donde la cultura, el patrimonio y la experiencia culinaria convergen para ofrecer un viaje a través de la historia viva de nuestra ciudad.
Edición y texto
Juan Francisco Miñarro (1971)